lunes, 25 de junio de 2012

El rescate noruego




En estas semanas colapsadas de eufemismos para aludir sin que duela mucho al rescate financiero y, por ende, económico de nuestro país por parte de la Unión Europea y sus cómplices bancarios, se olvida con demasiada frecuencia que las víctimas del desaguisado causado por la crisis no son los bancos y las cajas de ahorros que se han revolcado en el fango de la falsa abundancia en tiempos mejores y que ahora, con cara de pena (por no decir con jeta de circunstancias), se dedican a través de sus sicarios políticos a pedir inyecciones de liquidez cuando lo que deberían solicitar son inyecciones de eutanasia en vena como única expiación posible al desfalco cometido. Se olvida con demasiada frecuencia que las verdaderas víctimas son los ciudadanos de a pie estafados por falaces condiciones hipotecarias que ahora, impotentes ante los infames y desvergonzados expertos en la privatización de las ganancias y la colectivización de las pérdidas, se ven obligados a tener que abandonar sus hogares para residir en la calle y buscarse la vida para…seguir pagando el alquiler o hipoteca de los hogares donde ya no habitan. Ni a un Kafka se le hubiera ocurrido tan absurda pesadilla propia de las más cutres sociedades burocráticas donde un frío papel debidamente sellado (a poder ser por triplicado) tiene más importancia que la realidad humana de cada cual.
Pero, se diga lo que se diga, el rescate real para esos millares de familias que se ven expulsadas de sus propias casas por culpa de la codicia no vendrá de Bruselas, ni de los bancos que los han desposeído sin  miramientos, ni de los políticos que les sirven de intermediaros a comisión. El verdadero rescate vendrá - está viniendo ya - de gente común que, desde su anonimato, logra hacer por la ética lo que bancos y políticos hacen por la usura: escribir el concepto con mayúsculas. Un loable ejemplo lo encontramos estos días en una jubilada noruega que, indignada por la expulsión de una familia madrileña de su casa por no poder pagar el alquier a causa del desempleo que la carcome, ha decidido enviarles mensualmente 400 euros para que puedan salir adelante como buenamente puedan. El caso de la señora Lise Larsen y Azucena Paredes ha sido objeto de emotivos reportajes por parte de importantes medios de comunicación noruegos como NRK, la radiotelevisión del país de los fiordos. Todo un ejemplo de solidaridad humana que no viene sino a mostrar que son los ciudadanos quienes podrán salir de la crisis y rescatarse a sí mismos si abundan en comportamientos enraizados en siglos de tradición democrática como los mostrados por la arrojada jubilada noruega o, en su momento, sus parientes escandinavos de Islandia con aquella silenciosa, y silenciada, revolución popular contra los desalmados de la banca y la política.
Así que no se engañen. El rescate no vendrá de Bruselas. Vendrá del ejemplo ofrecido por ciudadanos solidarios y democráticos gestados durante generaciones en valores que lejos de envidiar al timador por su habilidad, como suele suceder en latitudes más meridionales, están convencidos de que el progreso y bienestar de la humanidad sólo radica en la honestidad, la educación, el trabajo cotidiano bien hecho y la solidaridad con los menos favorecidos.

Más información: http://www.nrk.no/nyheter/verden/1.8220147

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bravo! El texto de esta entrada me ha parecido muy loable, y tanto más el gesto de esta señora. ¡Qué distinto sería el mundo si todos fuéramos así de humanos!
un saludo

Margot La Morte dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con tus palabras. ¡Ole por la señora Larsen! Gracias a las personas como ella, por su ejemplo y su generosidad. Me reconforta leer algo así en estos días de abusos. Me ha encantado tu post.

Rafael dijo...

Totalmente de acuerdo. Creo que estamos olvidando quiénes son las verdaderas víctimas de esta crisis. Es fundamental que se siga recordando.